domingo, 21 de octubre de 2012

El cazador y el Lobo


            
Mientras la bala surcaba el aire, directa al corazón de la bestia, el cazador se permitió imaginar cómo relataría a los aldeanos su maravillosa hazaña. Años más tarde, las abuelas de la comarca contarían a sus nietos la leyenda del cazador y el lobo. En el pueblo, la gente lo saludaría con respeto al cruzárselo y a su espalda cuchichearían admirados sobre su gran gesta.

El cazador había sorprendido al lobo, sujetando entre sus fauces, un revoltijo de tela del que salía el llanto de un bebé. Actuando como por instinto disparó con puntería certera. No esperó a que la bestia exhalara su último aliento para rescatar al pequeño y correr en dirección al pueblo.

Si el cazador hubiera llegado unos minutos antes, habría contemplado como el lobo conseguía rescatar al bebé de una cesta, que ahora se balanceaba peligrosamente, mecida con furia por las aguas del turbulento rio. Una solitaria lágrima escapó de la comisura del ojo del animal y se diluyó con las gotas de agua dulce que cubrían todo su pelaje.

Bea Fernandez.